Relato: Ser visible, volar y otros sueños

¡Hola! He escrito un relato para la primera actividad de la iniciativa Granitos de Arena, cuya consigna era la siguiente: 

Escribe un relato basado en una experiencia o un sentimiento propio (o cercano) incluyendo en él un toque de fantasía.

No estoy muy convencida con él, porque quería contar tantas cosas que, al final, no sé si consigo que se entienda algo...


Ser visible, volar y otros sueños

Existía un reino hace mucho, mucho tiempo, llamado el reino visible. En él habitaba una niña que no tenía el mismo don que el reino, es decir, era invisible.

La niña era flaca, pequeña y siempre estaba despeinada. Tenía por nombre Aurora, que según había leído, era nombre de princesa, aunque a ella le parecía más bien nombre de alguien que no podría cambiar su futuro, aunque quisiese.

Aurora enseguida pensó que por mucho que llorase por su fatal destino, el de ser invisible, este no iba a cambiar. Pueden existir muchos reinos, mundos, ciudades, pueblos y demás, pero nadie elige donde nace y ella había nacido en un reino visible, siendo invisible, menuda contradicción, pero ¿qué podía hacer? simplemente tenía que seguir su discreta existencia, sin intentar cambiar, ni hacer trampas al azaroso destino.
Además, si lo pensabas, todo eran ventajas: Podía pasear por el reino sin que nadie la interrumpiese con una insulsa conversación. Podía observar el vuelo de los pájaros, tumbada en el prado, sin que nadie la molestase. Podía, incluso, no peinarse, pues nadie la miraba...

¿Para qué ser visible? ¿qué conseguiría siéndolo?

Y así pasaba su infancia Aurora, viviendo su discreta existencia, cuando alguien llamó su atención, no era más que una niña, otra niña, flaca, pequeña y despeinada como ella, pero que... intentaba volar. Aurora nunca había visto volar a nadie en el reino, y pasó días, semanas, meses, observando los progresos de esa niña, como antes observaba a los pájaros.
Fue en ese tiempo de observación, cuando Aurora cambió. Le gustaba la ambición de la niña que intentaba volar, le gustaba que lo intentase, su persistencia y paciencia. Un día, Aurora pensó que ellas dos eran tan distintas... una luchaba por su sueño, mientras la otra se había acomodado y casi olvidado de su sueño de ser visible.

Aurora se contagió de esa intención de volar que tenía la otra niña, y empezó a luchar por ser visible. Cada día deseaba con todas sus fuerzas ser visible, pero pronto aprendió que desear no es suficiente para que algo se haga realidad, y empezó a estudiar y formarse sobre el arte de ser visible. En este tiempo, Aurora también aprendió a escucharse, a reconocer su voz, la voz que provenía de su corazón. Intentó ser visible con muchas personas, pero fracasó.

No voy a decir que fue el día menos pensado, porque no lo fue, fue un día, como tantos otros, que había pensado e ideado el plan para conseguir su sueño, y este se cumplió. Alguien estaba mirándola a los ojos, y la veía. No era otra que la niña que pretendía imitar a los pájaros. A partir de ese día, Aurora dejó de hacer lo que mejor se le daba, pasar desapercibida, y encontró placer en la visibilidad, el reconocimiento y el respeto. Una sonrisa se dibujó en su cara y nunca nadie se la quitó. 

La realidad es que Aurora realmente nunca había sido invisible, simplemente ella sentía y creía que lo era hasta que encontró alguien que, con solo mirarla, la entendía. En ocasiones, ya tenemos lo que deseamos, pero no lo sabemos. Esta niña hizo lo que tanto anhelaba Aurora, que alguien la viese de verdad. Hay personas que se cruzan en nuestro camino y no nos aportan nada, pero otras, nos dejan huella para siempre. Y así como Aurora había creído que era invisible, ahora creía que era visible.

Aurora y la niña que quería volar aprendieron juntas lo que era la amistad, y protegieron entre las dos sus sueños. Los sueños no se cumplen en un día, pero siempre hay un día que marca la diferencia.

La niña que quería imitar a los pájaros nunca llegó a volar, aunque lo intentó. Y es que hay sueños que se cumplen y otros que no, la suerte influye, la realidad influye. Pero Aurora y su amiga siguieron soñando y escuchando a su corazón, porque una vez que empiezas, no puedes parar.

La próxima entrada será el final de Emma y la Bestia. ¡Nos leemos!

Comentarios

  1. Una bonita historia para reflexionar. Yo siempre he sentido que estaba sola tambien cuando era pequeña, la suerte de Aurora es que era invisible, ojala yo hubiera sido invisible para el resto y no hubiera sido la diana.
    Bueno afortunadamente eso forma parte de mi pasado y esta mas que superado pero si que es cierto que hay un dia que marca la diferencia, un punto de inflexion entre el antes y el despues.
    Me ha gustado mucho, muy bonito ❤

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  2. ¡Hola! A mi parecer, te salió redonda la historia. Está preciosa la forma en que narras la historia de Aurora y su lucha por intentar ser notada en la vida y recibir atención de alguien. Te deja una linda reflexión y un final feliz, que ya me estaba sintiendo mal por ella :,D

    ¡Un abrazo!

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  3. ¡Hola!
    Muy bonito relato ;)
    Soy nueva por tu blog y por aquí me quedo, te dejo el mio por si quieres conocerlo: novelasqueapasionan.blogspot.com
    Besos.

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  4. Muy tierno relato, lleno de mensajes esperanzadores. Me gustó mucho, te ha salido muy bien.
    ¡Besos!

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  5. Hola!!
    Qué bonito y qué certero es, porque no somos visibles si no queremos serlo. Siempre hay que soñar como la niña que intentaba volar y por lo menos hay que intentarlo :)
    Muy buen relato, me ha gustado mucho!!
    Besos :33

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